El lunes 9 de mayo, dramáticos acontecimientos sacudieron Sri Lanka. El Primer Ministro Mahinda Rajapaksa hizo una apuesta desesperada para establecer el orden y salvar su propio pellejo político, tras meses de turbulencias económicas y semanas de movilizaciones masivas en las calles. Pero su brutal represión le salió el tiro por la culata de forma estrepitosa.

No hace mucho, el régimen del Partido Comunista Chino (PCCh) alardeaba con orgullo de sus éxitos en la contención de la pandemia de COVID-19, en comparación con gran parte del resto del mundo. Ahora, sin embargo, uno de sus principales centros económicos, Shanghai, está sufriendo una oleada de la variante Ómicron, agravada por los errores burocráticos.

El levantamiento de enero en Kazajistán, y particularmente en Almaty, fue el suceso más notable en la memoria viva de la mayoría de los kazajos. En su discurso ante la sesión extraordinaria de la CSTO [Organización del Tratado de Seguridad Colectiva], el presidente, Kasim-Yomart Tokayev, la describió como “la crisis más grave en los 30 años de historia de la independencia”.

En estos momentos se está desarrollando la lucha más espectacular del pueblo de Sri Lanka desde el Hartal de 1953. La fuerza de esta lucha ha forzado la dimisión del gabinete. Los aliados del gobierno han declarado su "independencia" en el parlamento. Mientras tanto, Cabraal, el director del banco central, ha dimitido.

Ayer, el ejército y las fuerzas de seguridad de Kazajistán, respaldados por las fuerzas especiales rusas, se movilizaron para reprimir por la fuerza lo que se ha convertido en el mayor movimiento de masas en Kazajistán desde el colapso de la Unión Soviética.

La prohibición del hiyab por parte del gobierno del BJP (Bharatiya Janata Party, Partido Popular Indio) en el Estado de Karnataka, en el sur de la India, es una continuación de la vil política de la clase dominante de la India de dividir al pueblo en función de la religión.

Este informe fue recibido esta noche [5 de enero] de nuestro corresponsal en Kazajistán luego de un apagón de Internet de 7 horas. De la noche a la mañana, las protestas que comenzaron contra la subida del precio del gas se han convertido en un levantamiento que ya ha provocado la dimisión del gobierno, pero que no muestra signos de ceder.