El 19 de junio, el Sindicato Internacional de Estibadores y Trabajadores de Depósitos (ILWU), un sindicato combativo de 42.000 miembros, cerró 29 puertos a lo largo de la costa oeste de los Estados Unidos y Canadá. Los trabajadores detuvieron su trabajo durante 8 horas.

Cientos de miles marcharon en cientos de ciudades de EEUU el fin de semana del 6-7 de junio en las manifestaciones más grandes habidas hasta entonces desde el asesinato racista de George Floyd. Mundialmente, también hubo protestas en cientos de ciudades con cientos de miles de jóvenes y trabajadores contra el racismo y la violencia policial, tanto local como en solidaridad con el movimiento de masas en Estados Unidos.

El 21 de mayo, el Congreso Nacional del Pueblo de China aprobó una Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong, sin consultar al Consejo Legislativo de Hong Kong e imponiendo una serie de legislaciones antidemocráticas del gobierno central. Donald Trump aprovechó de inmediato este movimiento, desesperado por distraer la atención de su régimen en crisis.

Susana Prieto, abogada y activista del movimiento obrero de las maquiladoras en Matamoros y Reynosa Tamaulipas, y en Ciudad Juárez, Chihuahua fue detenida en la tarde del 8 de junio por elementos de la Procuraduría General de Justicia.

Alan Woods aborda el levantamiento en marcha en los Estados Unidos provocado por el asesinato policial de George Floyd, que se ha convertido en el catalizador de una explosión de ira de los oprimidos en los EE.UU. que ha conmovido a todo el mundo ¿Cuál es el camino a seguir?

En las últimas semanas, los EEUU se han acercado a una convulsión revolucionaria más que en ningún otro momento. El asesinato racista de George Floyd por la policía de Minneapolis ha provocado un movimiento de enormes proporciones, desatando el descontento acumulado durante décadas, e incluso alcanzando niveles insurreccionales en muchas ciudades. 

El siguiente artículo fue escrito por un médico, que trabaja en la ciudad de São Paulo. El COVID-19 precipitó y agravó las condiciones de una crisis social y económica en Brasil, y a nivel internacional. La burguesía está confundida y dividida frente a un problema que no puede tolerar, pero que tampoco puede resolver.