Leon Trostky y la Cuarta Internacional
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Después de la Segunda Guerra Mundial la dirección de la entonces “Cuarta Internacional” quedó totalmente desorientada. No podía comprender lo que estaba ocurriendo y esto marcó el principio del fin de la organización.

Sin embargo, antes de entrar en un breve análisis de por qué la Cuarta Internacional finalmente colapsó, merece la pena dar unas cuantas citas muy significativas del documento elaborado por la entonces dirección internacional. Debemos recordar que todo esto fue escrito en 1946, cuando el capitalismo acababa de entrar en el boom más largo de su historia y la Unión Soviética había surgido de la Segunda Guerra Mundial con una enorme fortaleza. Creemos que hablan por sí mismas.

“A pesar de la cierta debilidad actual del movimiento revolucionario de los trabajadores, no hay razón para suponer que nos enfrentamos a una nueva época de estabilización y desarrollo capitalista.
La recuperación de la actividad económica en los países capitalistas debilitados por la guerra, y en particular en los países europeos continentales, se caracterizará por un ritmo especialmente lento que mantendrá a sus economías en niveles que bordearán el estancamiento y la recesión.
En estas condiciones un desarrollo prolongado, relativamente pleno y estable de las fuerzas de la democracia política parece ser más problemático que nunca. Las pocas concesiones democráticas que la burguesía ha garantizado desde la guerra son el resultado, por un lado, de la presión de las masas y, por el otro lado, de la política conciliadora y capituladora de los partidos reformistas y estalinistas.
Ahora, a lo que nos enfrentamos es a una crisis a escala mundial que trascenderá todo lo conocido en el pasado y al desarrollo de un auge revolucionario mundial, para ser más exactos, con ritmos desiguales en diferentes partes del mundo pero, ejerciendo una influencia incesante y recíproca de un centro a otro y, de este modo, determinando una larga perspectiva revolucionaria.
Los acontecimientos actuales demuestran en todos los países que las posibilidades objetivas para la creación de partidos de la Cuarta Internacional nunca han sido tan favorables y van en aumento.
La condición previa esencial para dedicarnos con entusiasmo y fe a la tarea de la construcción de los partidos de la Cuarta Internacional es que tengamos, en primer lugar, la convicción firme de las grandes posibilidades que existen en este terreno.
Tras la apariencia de un poder nunca antes alcanzado, se esconde la realidad de que la URSS y la burocracia soviética han entrado en una fase crítica de su existencia”.

(Extracto de The New Imperialist Peace and the Building of the parties of the Fourth International. Resolución aprobada en la Preconferencia Internacional. Abril de 1946).

Comparemos las citas anteriores con las escritas por la dirección del PCR británico, cuyo principal teórico era Ted Grant. Aunque no podían haber previsto el largo boom de la posguerra si fueron capaces de comprender que el período inmediato estaría caracterizado por la recuperación económica y una estabilización del sistema.

“Frente a los reformistas y estalinistas que intentan calmar a las masas con la perspectiva de nuevo renacer del capitalismo y un gran futuro para la democracia, la resolución de la Preconferencia Internacional es cien por cien correcta al insistir en la época de declive y colapso de la economía capitalista mundial. Pero una resolución que busca orientar a nuestros propios cuadros en las perspectivas económicas inmediatas -de las que fluye en gran medida la próxima etapa de la lucha de clases y de este modo nuestras propaganda y tácticas inmediatas- la perspectiva está claramente equivocada.
La actual crisis y el bajo nivel de producción no es una crisis económica en el sentido clásico entendido por los marxistas. Se trata de una crisis de ‘sobreproducción’ que surge de la concentración de las fuerzas productivas para la guerra imperialista y de la destrucción provocada por la propia guerra.
La teoría del colapso espontáneo del capitalismo es totalmente ajena a las concepciones del bolchevismo. Lenin y Trotsky insistieron una y otra vez en que el capitalismo siempre encontrará una salida si antes no es destruido por la intervención consciente del partido revolucionario que, al frente de las masas, aprovecha las dificultades y las crisis del capitalismo para derrocarlo. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial enfatiza la corrección de estas concepciones de Lenin y Trotsky.
Mientras tanto, debido la debilidad de los partidos de la Cuarta Internacional que en esta etapa se mantienen como pequeños grupos, los capitalistas han podido encontrar una salida al colapso y declive de la economía. En Europa Occidental esto ha preparado el camino para una recuperación bastante rápida y sostenida.
Al negarse a reconocer la inevitable recuperación, la Cuarta Internacional sólo conseguirá desacreditarse y desorientará a sus cuadros y a las amplias masas al pronosticar una recesión permanente y la desaceleración del ritmo en Europa Occidental, precisamente cuando los acontecimientos adoptan una forma diferente”.

(Extracto de Perspectives - Proposed line of amendment to International Conference Resolución ‘New Imperialist Peace and the Building of the Parties of the Fourth International’. Diciembre de 1946).

A partir de las citas anteriores podemos ver que los dirigentes de la Cuarta Internacional en 1946 no habían absorbido el ‘método’ de Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Para ellos el marxismo no era un método científico, sino un dogma que debía aplicarse rígidamente. Todo lo que hicieron fue repetir la perspectiva de 1938. Ignoraron el hecho de que una perspectiva no puede ser un proyecto. Sólo puede planear el proceso general y algunas veces puede cambiar radicalmente con el desarrollo de los acontecimientos. Para estos “dirigentes” todo esto era un libro cerrado.

Ignoraron los procesos reales y simplemente intentaron imponer sobre la realidad sus propios deseos subjetivos. Presumiblemente, debían haber pensado que admitir cualquier posibilidad de recuperación capitalista desmoralizaría a sus fuerzas. ¡Y al final consiguieron hacer exactamente esto! Sus errores llevaron a la destrucción de la Cuarta Internacional que Trotsky tan concienzudamente luchó por construir.

Trotsky esperaba una oleada revolucionaria al final de la Segunda Guerra Mundial, similar a la que siguió a la Primera Guerra Mundial, y esperaba que la Cuarta Internacional se convirtiera en la fuerza dominante dentro del movimiento obrero. Sí se produjo esa oleada revolucionaria. Esta perspectiva se confirmó. La guerra civil en Grecia, el movimiento de resistencia y las huelgas tanto en Italia como en Francia al final de la guerra e inmediatamente después, la revolución china de 1949, la lucha por la independencia en el mundo colonial, la victoria arrolladora del Partido Laborista en las elecciones británicas de 1945, etc., todo esto demuestra que el pronóstico de Trotsky era correcto.

El problema fue que las fuerzas de la Cuarta Internacional eran demasiado débiles para poder jugar un papel determinante en el desarrollo de los acontecimientos. Si el partido revolucionario es demasiado pequeño, si no está en el lugar correcto en el momento adecuado, el movimiento revolucionario pasa y la oportunidad se pierde. El resultado fue una derrota histórica importante de muchos de los movimientos revolucionarios que surgieron al final de la guerra. Allí donde se consiguieron victorias, como en el caso de China, las revoluciones adoptaron la forma del estalinismo, es decir, se crearon estados obreros deformados a imagen y semejanza del régimen soviético. No fueron revoluciones dirigidas por la clase obrera. Sin embargo si consiguieron reforzar al estalinismo. Lejos de enfrentarse a una crisis inmediata, como habían previsto los dirigentes de la Cuarta Internacional, el régimen estalinista en Rusia fue más poderoso de lo que había sido nunca. El estalinismo también se fortaleció en occidente y ante los ojos de muchos trabajadores rusos parecía que “la revolución se estaba extendiendo”.

La ruptura y la división del movimiento trotskista tienen sus raíces en este período. La entonces dirección de la Cuarta Internacional fue totalmente incapaz de comprender lo que estaba ocurriendo. Si se leen los escritos de dirigentes como James Cannon (dirigente de la época del SWP norteamericano) a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, encontraremos una perspectiva completamente equivocada. Su perspectiva era una crisis inmediata del capitalismo y movimientos revolucionarios a corto plazo. ¡En determinado momento incluso negaron que hubiera terminado la Segunda Guerra Mundial!

En 1946 la Cuarta Internacional celebró su “Preconferencia Internacional”. Ernest Mandel y otros contribuyeron al borrador de ese manifiesto que chocaba frontalmente con la realidad. La dirección de la Cuarta Internacional desarrolló una teoría que descartaba cualquier posibilidad de boom económico. Y los acontecimientos demostraron que estaba totalmente equivocada. La clase obrera fue derrotada debido a las teorías de los dirigentes reformistas y estalinistas. La Cuarta Internacional era demasiado débil para impedirlo.

La derrota de la clase obrera después de la guerra fue la principal condición política para el auge de la economía. Los EEUU salieron enormemente fortalecidos de la guerra. Se convirtieron en la principal superpotencia capitalista gracias a que habían acumulado grandes beneficios con la producción bélica. Por temor a la revolución en Europa, EEUU inyectó ingentes cantidades de dinero en países como Alemania, Italia, Francia, etc., para recuperar sus economías, fue el célebre Plan Marshall. La destrucción provocada por la guerra hizo necesario un enorme programa de reconstrucción. Todo esto sentó las bases para el boom económico más grande de la historia del capitalismo.

La dirección de la Cuarta Internacional fue incapaz de adaptarse a los nuevos acontecimientos. No entendía que era necesario revisar la situación. Pensaba que podría mantener unidas a sus fuerzas sólo con la promesa de la revolución “a la vuelta de la esquina”. Esta política sólo podía llevar a la ruptura de la Internacional y eso es precisamente lo que ocurrió.

Como explicaba Lenin, si no corriges tus errores entonces caerás de un error a otro. El resultado final es el sectarismo. Los “dirigentes” de la Cuarta Internacional no entendieron los errores cometidos en los años cuarenta y fueron aún más allá por el camino de la degeneración que los llevó a caer en todo tipo de teorías extrañas. De la revolución inminente giraron a la teoría del “aburguesamiento” de la clase obrera en Europa, ¡un giro de ciento ochenta grados! Por ejemplo, en abril de 1968 Ernest Mandel en una reunión en Londres declaró que no se produciría un movimiento de la clase obrera europea al menos hasta dentro de veinte años. ¡Eso fue en víspera del movimiento de los trabajadores franceses en mayo de 1968! No pudieron ver la realidad en 1946 y tampoco lo consiguieron en 1968.

La dirección de la sección británica de la Cuarta Internacional, el PCR (Partido Comunista Revolucionario), comprendió los cambios que se estaban produciendo y elaboró unas perspectivas diferentes. El principal teórico del PCR era Ted Grant. Todavía hoy sigue activo como miembro del comité de redacción de Socialist Appeal. Si se accede a nuestra web se podrá encontrar un libro titulado The Unbroken Thread, en él se encuentra una selección de sus escritos desde 1938 a 1983. Se puede encontrar una selección importante de sus escritos en www.tedgrant.org. Entre ellos se encuentra el titulado: Perspectivas Económicas 1946 que es un análisis del auge económico que se estaba desarrollando y que constituye una sobria apreciación de cómo se estaban sucediendo los acontecimientos. Este documento reflejaba el mismo análisis que se hacía en la enmienda que el PCR presentó al documento de perspectivas de la Cuarta Internacional para 1946.

Como ha demostrado la cita que hemos publicado más arriba, en la cuestión de Rusia también los dirigentes de la Cuarta Internacional estaban equivocados. En lugar de entrar en crisis la Rusia estalinista consolidó y extendió su base de poder. En la cuestión de China también se equivocó la dirección de la Cuarta Internacional. Dijeron que Mao llegaría a un acuerdo con Chang Kai Shek y traicionaría la revolución. Los escritos de Ted sobre China (ver La revolución china, enero 1949) proporcionan un análisis más preciso de lo que estaba ocurriendo en ese momento en China.

La dirección de la Cuarta Internacional continuó con una serie de errores sobre lo que estaba ocurriendo en Europa del Este. Primero se negaron a aceptar que en Europa del Este había regímenes a la imagen y semejanza de la Rusia soviética. Después giraron (sin explicar por qué) e incluso declararon que algunos de estos países (China, Yugoslavia, etc.) eran ‘estados obreros sanos’, abandonando esta definición tan pronto como quedó claro que era insostenible.

Todo esto es más que suficiente para demostrar que Mandel, Cannon y compañía se desorientaron después de la guerra y esto les llevó a una política de zig-zags que los alejó de un verdadero análisis marxista. Más tarde todo esto llevó a una y otra escisión, y finalmente a la destrucción total de la organización. Los trotskistas británicos intentaron salvar lo que pudieron del naufragio, pero quedaron con unas fuerzas muy pequeñas. Costaría décadas poder hablar de una verdadera recuperación del movimiento. Pero esa es otra historia que trataremos en otra parte.

Los dos documentos: The New Imperialist Peace and the Building of the Parties of the Fourth International y Economic Perspectives – Proposed line of amendment to International Conference Resolution se deben leer conjuntamente porque son una lección para los trabajadores y jóvenes de hoy que buscan una alternativa revolucionaria al actual callejón sin salida al que se enfrenta la sociedad. Hay que comparar los dos métodos diferentes aplicados y juzgar por ustedes mismos.

Cuando se traicionan las aspiraciones revolucionarias de las masas -cuando las condiciones para la revolución están maduras- y la clase obrera es derrotada, en la historia siempre vemos un proceso similar, sólo permanece activa una capa avanzada de la clase obrera y a menudo tienden a ser los elementos más leales a las burocracia de los partidos y sindicatos. Éstos llegan a conclusiones equivocadas de las derrotas y se convierten en un freno para el conjunto de los trabajadores y la juventud. En esta situación es más difícil defender las ideas revolucionarias y los marxistas quedan más aislados.

Es precisamente en esta situación donde se desarrollan las tendencias sectarias ultraizquierdistas (igual que las reformistas). Los anarquistas surgieron como una fuerza importante dentro de la Primera Internacional después de la derrota de la Comuna de París. El ultraizquierdismo de los dirigentes de la Cuarta Internacional también se puede explicar de la misma forma, por la derrota del movimiento revolucionario que siguió a la Segunda Guerra Mundial.

Si no comprendemos cómo se mueve la clase en este tipo de situaciones, podemos llegar a conclusiones equivocadas, como ocurre con una capa de los trabajadores más avanzados. Cuando el movimiento está en reflujo se fortalece la burocracia de los sindicatos y partidos obreros de masas. Algunos de los trabajadores más avanzados continúan su lucha contra esta burocracia pero no encuentran eco entre las bases. Por eso llegan a la conclusión de que estas organizaciones son demasiado burocráticas para trabajar en ellas y terminan abandonándolas para crear nuevos sindicatos o partidos con la idea de ofrecer una alternativa a la clase obrera. Desgraciadamente se encuentran con que fuera de las organizaciones oficiales las cosas no son tan fáciles. No hay atajos ni fórmulas mágicas que resuelvan el problema. Si hay un reflujo del movimiento debido a derrotas pasadas simplemente no puedes resolverlas declarándote un partido revolucionario “independiente” o ignorando la realidad y situando la revolución a la vuelta de la esquina. El movimiento de la clase obrera tiene su propio ritmo, su propio tempo. No puedes obligarlo prematuramente a que se mueva más rápido.

Debemos aprender de esta experiencia histórica y desarrollar una perspectiva para el futuro. El colapso de la Cuarta Internacional en parte fue producto de la situación objetiva. Pero también debemos recordar que los dirigentes del PCR británico no sucumbieron al mismo proceso. ¿Por qué? La respuesta se encuentra en el hecho de que ellos entendieron la esencia del marxismo, el método de Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Para ellos el marxismo no era una bola de cristal, sino un método científico, una guía para la acción.

Los trabajadores y lo jóvenes de hoy, debido a la crisis del capitalismo mundial se ven obligados a pasar de nuevo a la ofensiva. Ante nosotros tenemos una oportunidad histórica para continuar -y finalmente completar- las tareas que los grandes marxistas del pasado se habían propuesto.

26 de octubre de 2004